Mi mochila de plomo

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MI MOCHILA DE PLOMO

Dedicado a

Js. Ig. Rouco

No tenía, una familia normal
Mi padre vestía uniforme azul con charreteras
Y para esa época no vivía en un país normal.
En vez de presidente, había una junta de tres.
En vez de un congreso que emitiera leyes
Un señor serio nos leía comunicados, que eso sí, eran ordenados
Número uno, dos y diez
Y era la hora de queda, donde la ciudad obediente dormía

Se vivía con miedo, había un enemigo que nos quería hacer daño
Sirenas y explosiones las oíamos a diario.
Se nos hicieron sonidos comunes, acaso cotidianos
Yo ya era universitaria, y para, esa época rendí examen de ingreso
En la universidad estatal. Se explicó todos eran demasiados

No supe a esa edad lo que era la política dentro de los claustros,
Solo leía en los diarios que  los estudiantes eran Guerrilleros
y se los mataba en enfrentamientos armados.
Deduje quienes eran los malos, “el enemigo”,
No tenía aún demasiado claro quién era el amigo

De a poco ese enemigo empezó a tener rostros, nombres, familias.
Mi padre, sus compañeros de trabajo en charlas cotidianas,
Involuntariamente me lo mostraron
Y me di cuenta de que no era muy distinto que a mi familia.
Gente común ordinaria, estudiantes, padres
Gente que a veces me era conocida

Tenía una madre que era psicóloga,
Y se quejaba de que su correo le llegaba abierto y fotocopiado.
Una hermana mayor que estudiaba teatro, o cine
Y mi padre vestía uniforme azul con charreteras
Salía todos los días a trabajar y volvía malo,
Recuerdo sus ojos, comenzaron a cubrirse de un velo,
Tuvieron que pasar algunos años, no muchos
Para que yo entendiera la causa de su ceño.

Y ya no puedo dar más vueltas lo mejor es decirlo
Mucho se ha escrito de las víctimas, y de los victimarios
Nada de la hija de un represor
Esa era yo, esa fui yo durante los años que le llevó al país reconciliarse.
Y ahora recién ahora que puedo escribir esto ya no soy ella, sino yo,
Acaso otra víctima, distinta
De la que nadie hablo, nadie
Excepto, ahora yo, ocupándome de mi historia

Antes que nadie supe muchas cosas,
Que a una sociedad entera se negaba, o se le negaba
Y la parte damnificada que vivía horrorizada, de terror callaba.
Solo puedo decir en mi favor
Que en medio del horror
Fue mi determinación la que salvo una vida, quizás más.

Él nunca lo supo, y tal vez no lo sabrá jamás.
Pero salvarlo a Él me salvo a mi como persona
y quizás algo de lo que de moral quedaba de mi padre

Pude elegir huir a otro país,
Protegerme dé la vergüenza que ya era mía
Y podría ser pública
Lo intente sólo para descubrir
Mi incapacidad de renunciar a lo que conocía como patria.
Quedándome transcurrí todo el revisionismo de derechos humanos
La declaración de delitos de lesa humanidad, con su consecuencia
Mientras mi padre ya enfermo agonizó durante dos años
Donde quizá se lo eximió, por ello, de su comparecencia.

Con su muerte quise cerrar esta historia
Con esta prosa dar a conocerla a quienes como, yo
Ni víctimas ni victimarios, fuimos «hijos de»
Por lo que tuvimos que callar y cargar,
Por el precio que pagamos por hablar.
Por la pesada carga que por fin podemos descargar

 

Claudia Mattenet

En algún momento de mi vida