LA PELUSA

LA PELUSA

Sigo las hileras del mantón que abriga, por laboriosas manos en telar tejido.
Verticales y horizontales las hebras se entrelazan en tono monocolor, apretadas, juntitas.
Cada tanto un tramo de hilos multicolores y vibrantes se interpone, sin pedir permiso,
Y como la vida se asemeja a un patrón que se repite y transitas,
Los hilos verticales son los que empujan adelante, o hacia atrás suspendidos.
Los horizontales son salidas hacia los costados, izquierda o derecha, tu favorita.

Hay un momento de decisión, y es antes de que el tejedor con su peine comprima las hebras.
Como en la vida, es un instante, o lo tomas y te lanzas, o lo dejas y te quedas.
El tramo multicolor en un cambio drástico sobre el tono base, es su vértebra,
Un rayo de luz, un vuelco en la rutina, un resplandor de tonos como ruedas.
Fucsia, amarillo, naranja, verdes, azul, rojo, magenta, colores palabras,
Irrumpen en la rutina del monocromático mantón que la vida teje.

Como un tajo abrupto pero de contraste hermoso, por donde si lo deseo, Yo huyo.
A bailar vestida de túnica naranja, con tocado verde, chalina rosa, y botitas rojas.
Disimuladamente escapo por el borde del mantón, robándome multicolores hebras suyas.
Antes de que la tejedora vida empiece de nuevo con el tono monocolor, mortaja.

Con cuidado evito que el peine de la tejedora me apriete de nuevo al mantón de la vida.
Sigilosa, camuflada entre mis hilos escapo a vivir mi propia aventura.
Hasta que la tejedora eche en falta la hebra monocromática cuando recomience abatida,
Luego de tanto colorinche rabioso, de desmesura.

¿Y si no huyo? , Dudo. ¿Y si vuelvo? ¡Hay cabeza loca!
Pero ya estoy fuera del mantón de vida, es  solo el miedo de ser libre el que se siente.
Con mi toca verde, vestido naranja, chalina rosa y botitas rojas, que pesan como rocas.
Viviré afuera del apretado tejido del mantón de vida, autosuficiente.
Estiraré en mi cuerpo, seré libre a donde ir quiera, o donde toca.

Bailaré por las noches como loca en las zonas de tonos camaradas,
Para recordarles que el color existe, llamarada en cobre.
Y cuando me canse y solo de habituada,
Dormiré sobre los listones de colores en fiebre,
Pero no atrapada, libre, hecha una pelusa, una lumbre,
Camuflándome entre los mil tonos de mis compañeras hebras atrapadas y apretadas,
Contándoles en su eterna prisión, mis aventuras llenas de relumbre.

CLAUDIA MATTENET

JULIO 2017