El divorcio de mi amiga

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EL DIVORCIO DE MI AMIGA

A veces cuando la decisión se toma, ella
En el momento, no me lo cuenta,
Quizás, seguro, es tan traumático,
Que hay un delay que nos aleja,
En ese momento yo siento
Que podría haberla siquiera, abrazado.

Otras, cuando la causa es haber descubierto
Algo tan doloroso, vergonzoso, humillante,
Ella me lo oculta,
Y solo después de un tiempo y de una probablemente forzada charla
De a poco, ella vomita su furia, su dolor, su vergüenza,
Y entonces yo me enfurezco junto a ella , y contra el.

Como sea que el divorcio se decida,
Mi amiga, quizás No sepa
lo que en mi la decisión golpea.
Ella queda por un tiempo,
Y dependiendo de cómo y por qué su separación se ha dado,
Como aturdida,
Toma distancia, atontada del dolor, y la mezcla de sentimientos.
Dolor, temor, incertidumbre,
El peso de calzarse un fracaso a la espalda,
Cuyo peso será mayor cuanto mayor haya sido lo entregado.
en la ecuación del ganar y perder lo conquistado

Y yo su amiga me retuerzo intentando la posición
Para encontrar el lugar junto a ella,
Respetando su distancia y su silencio,
y sintiéndome a la vez con la culpa de no estar,
De no decir, de no hacer…

Nosotras las amigas también nos divorciamos,
Cuando nuestras amigas se separan.
Quedamos a la espera de ver cómo logrará resucitar
Luego del impacto, nuestra compañera de vida,
Expectantes observamos como a tientas
Busca su nuevo espacio, se redefine, reinventa,
Y con su armadura a solas saca cuentas.

La veo cambiar de hogar, y sé que, cuando me muestra el nuevo,
Está desgarrada por el que dejó vacío en una lotería sin suerte.
Y decorará el nuevo con un desesperado afán de translocar recuerdos,
Como si pudiese mudar las manitas de los niños,
Las marcas del crecimiento hechas en la pared,
Aquel empapelado, que con un cubrecama infantil hacía juego.

Y yo que vi, el esfuerzo con que ambos otrora ese hogar construyeron,
Me despido también con mucha pena por lo que ellos perdieron;
Pero callo, silencio, Decirlo No puedo.
Debo darle fuerzas. Debe empezar de nuevo.
Ella mi amiga perdió su hogar,
Yo su amiga siento que lo perdí con ella.

¿Sabrá ella de qué forma siento yo Con ella?;
No puedo decírselo, al contrario, esta es Su pena.
Debo empujarla a dejar ese nido,
Debo convencerla de lo aún no convicta,
Sin que jamás sepa ella aquello que realmente hubiera yo querido.

Estar ahí con ella, capturando a cuatro manos,
Todos su pasado ahí transcurrido,
Embotellar risas, imágenes, suspiros.
Todo aquello que allí ella hubiera vivido,
Para transportarlo con ella, junto a ella,
A su nuevo espacio, reconstituido,
Con lo que le ha tocado, quedado, sobrevivido.

Pero. No he podido. Ella no me ha dejado,
O quizás yo no he insistido.
Y pasan los días, semanas y meses.
Si he tenido suerte la veo, la llamo o le escribo.
Y Ella sola emprende lo que han decidido.
Sea acaso por eso que no tiene resto,
Necesita fuerzas, coraje, coraza.
Y se encierra en ella, con ella y sus niños,
Donde no tendré lugar, sino el permitido;
Por su dignidad, entereza, y con suerte algo de olvido.

¡Hay si yo pudiera amiga MÍA decirte,
Cuanto tú perdida a mí me ha dolido…
La impotencia o rabia de no haber podido
La incomodidad que siento porque a mi no me ha ocurrido ¡

 

Claudia Mattenet
2006