AMOR EN PENITENCIA

Amor En Penitencia

Dedicada a : Laura Beatriz D.

Él un hombre maduro, nada lo distingue
Pelo cano, barriga, y de andar en su tiempo
Pero vive sus días como niño travieso
Esconde en sigilo un íntimo enigma, una confidencia
Desde hace tanto pero tanto tiempo
Un amor secreto un amor primero
Que fue su desdicha o quizá  su ambrosía
Que de tanto amarse le marco la vida.

Mas no están juntos, alguien se interpuso
El orgullo de ella no perdonó entonces
Y en su cobardía  El, no la eligió a Ella.

Dicen que ella la malvada de tan traicionada
Mirando a los ojos a la afortunada, soltó un maleficio
“Lo tendrás Tú, pero en Mi pensará cuando este contigo
Por toda la vida que esté en tu abrigo”.
Chispitas purpura sellaron el embrujo
Y la despechada sangró lacerante y lejos.

Pasaron años, décadas, vidas
Vivió cada uno con otro amor a su lado
La pasión perdida sujeta a un costado, bien disimulada’

Nacieron los hijos, se tejieron vidas historias, familias
Ellos, siempre separados, siempre conectados
En tiempos modernos, difícil evitarlo
Un insoslayable  amor resignado
Un desesperado amor arriesgado.

Treinta años pasaron juntos, distanciados
Pero con el ansia intacta, despierto el anhelo
Amantes de siempre, en la lontananza
Acaso lograron momentos robados
Más grandes en recuerdo por atesorarlo
E intenso en temor de ser atrapados.

Era solo cuestión de tiempo para El ser pillado
Por el hechizo estaba condenado,
Sus ojos claros lo han traicionado,
Con la cara de ella en su iris pintada
Pensándola, amándola, aunque lo ha negado.

Hoy está castigado, está en penitencia.
Prohibido llamarla, buscarla, pensarla,
Su solo nombre es mala palabra.
De tecnología Nada le han dejado.
No tiene correo, ni hablar de un móvil, o redes sociales.
A donde se mueva siempre lo acompañan, ya nunca va solo,
Para que no escape, siquiera lo intente,
No sea la llame, que a ella contacte,
Que acuerden en verse.

Son dos lunas llenas, no deben chocarse,
Ya que si lo hicieran que eclipse tan grande.
Alma mía:!que en la oscuridad ya no te vería!
!Qué yo de verte ya no necesito!
Se tus contornos, sigo tus olores,
!Que ya no me pierdo!, !allí yo te encuentro!
Y perdemos ambos, tanto que tenemos.

 

Claudia Mattenet

2017 enero

Desamor cotidiano

Desamor cotidiano

 

Cuando el amor termina, cuando ya nada funciona
Se apilan los años convividos, los recuerdos de buscarlo
El respeto que la ciñe, la lealtad que la aprisiona
Y la indecible pena por el otro, sabiendo que al ya No amarlo
Fracturado quedara con su partida.
Odiándose por las mismas cosas que aún no animaron su ida
Culpándose por los recuerdos que la mantienen unida
Sincerándose finalmente a lo que cueste la herida.

 

Porque sabe que nada cambia, ha recorrido el trayecto.
Que aunque le ame, el lugar que tiene no es el que aspira.
Que se le fue la vida en la batalla de pedir proyectos.
Donde Su necedad de tenerlo todo bajo control, gira
Le consagró la seguridad necesitada.
Arrasando su amor que no quiso control juzgando.
Transitan ese momento de pareja, turbada
Donde a uno el amor se le murió, agonizo, avisando.

 

El en su negación se encerró, a enmendarla,
Y quizás para recobrarlo, rebusco en lo pactado
A la pasión extinta inyectarle adrenalina !resucitarla l
Conviven día tras día mirándose, midiéndose aterrados.
Que si le habla no sabe qué, articular.
Que si algo le dice, a callarse adhiere.
Escasean acciones a contraatacar
Pero cambiar no quiere, o no prospere.

 

Ella, que le signo el desamor hoy lo ve, “amigo”
Desconoce cómo seguir perdida en recuerdos
Acontecen días sin hablarse como enemigos
No porque hayan olvidado la causa del desacuerdo
Solo que el desamor se les ha instalado.
Comenzando a desarmar la cotidianidad del afecto
Treinta años aliados, amor gastado,
Realizada una vida, compartido el trayecto.

 

En la soledad angustiada escarba entre sus valores
La significación de saberse buenas personas
Agobiada, con culpa de dejarlo sin resquemores
Cuando llegó el periodo de cuidarlo, se lo cuestiona.
Si quedase a su lado su alma morirá cautiva ,
Inmolara su pasión, su creatividad, su alegría,
Sus deseos, su frenesí por la vida.
Y sé que ella lo haría por decencia y por cobardía.

 

Claudia Mattenet

Febrero 2018

Mi Fe

Mi fe

Le he buscado en los libros, En las enseñanzas, en la parábola
En la fe de semejantes, En el raconto de los milagros
En las maravillas de la tierra, En la belleza que enarbola
En lo inexplicable, lo inabarcable y magro
En el milagro de la vida y en la muerte, sola.

Me aprendí  catecismos, vague por mil religiones,
Buscando al ser infinito dentro de mil catedrales
Con su don de ubicuidad, aguarde a que me adicione,
Que su fe inundara mis vaguedades conceptuales
Ante tanta magnificencia sostuve mis negaciones
Por qué necia debiera de ser si frente a realidades tales
Agnóstica fuese, insensatez mis confusiones.

Pero siempre estaba la duda, era un Dios o era la ciencia
Y cuanto más excavaba, en la creación  entera,
Cada maravilla terrena, concepción, vida, muerte, creencia
Tenía su correlato empírico, por divino que yo lo viera.

Un día en las personas  identifique las virtudes
Las que tienen algunos humanos; dichosos
Unos, las excepciones son pródigos en actitudes
Son sabios, íntegros, menesterosos, dadivosos,
Pacientes, sacrificados, confiados, y esperanzados.                             

Leales, tolerantes, corteses y valerosos
Bondadosos, serviciales, justos y delicados
Honrados, alegres  y respetuosos
Humildes,  compasivos, y abnegados.

Conmueve  ver algún don de estos en las personas
Con algunas, ya es copioso. Prodigioso la integridad
Debe haber un Dios que eligió a estas almas campeonas
Para encauzar al prójimo en su ingenuidad
El camino, el correcto, el del bien, el que cuestionas.

Si no tienes fe como yo no la he atesorado
En ese Dios mentado al que no puedes avistar
Busca estas personas. Te rodean, las has mirado
Al verlas no las has notado, difíciles son de abarcar
Seres anónimos iguales, pero mezclados
Sabrás reconocerlos, tendrán virtudes de destacar.                     

Síguelos, imítalos, refléjate. No son fáciles de encontrar
Se cruzan en tu  camino, como faro a llamear
Mostrándote con su ejemplo, la forma de vida a moldear
Descifra en tu prójimo la virtud a sobresaltar
Aférrate a ella, y déjate llevar.

Claudia Mattenet
Agosto 2017

LA PELUSA

LA PELUSA

Sigo las hileras del mantón que abriga, por laboriosas manos en telar tejido.
Verticales y horizontales las hebras se entrelazan en tono monocolor, apretadas, juntitas.
Cada tanto un tramo de hilos multicolores y vibrantes se interpone, sin pedir permiso,
Y como la vida se asemeja a un patrón que se repite y transitas,
Los hilos verticales son los que empujan adelante, o hacia atrás suspendidos.
Los horizontales son salidas hacia los costados, izquierda o derecha, tu favorita.

Hay un momento de decisión, y es antes de que el tejedor con su peine comprima las hebras.
Como en la vida, es un instante, o lo tomas y te lanzas, o lo dejas y te quedas.
El tramo multicolor en un cambio drástico sobre el tono base, es su vértebra,
Un rayo de luz, un vuelco en la rutina, un resplandor de tonos como ruedas.
Fucsia, amarillo, naranja, verdes, azul, rojo, magenta, colores palabras,
Irrumpen en la rutina del monocromático mantón que la vida teje.

Como un tajo abrupto pero de contraste hermoso, por donde si lo deseo, Yo huyo.
A bailar vestida de túnica naranja, con tocado verde, chalina rosa, y botitas rojas.
Disimuladamente escapo por el borde del mantón, robándome multicolores hebras suyas.
Antes de que la tejedora vida empiece de nuevo con el tono monocolor, mortaja.

Con cuidado evito que el peine de la tejedora me apriete de nuevo al mantón de la vida.
Sigilosa, camuflada entre mis hilos escapo a vivir mi propia aventura.
Hasta que la tejedora eche en falta la hebra monocromática cuando recomience abatida,
Luego de tanto colorinche rabioso, de desmesura.

¿Y si no huyo? , Dudo. ¿Y si vuelvo? ¡Hay cabeza loca!
Pero ya estoy fuera del mantón de vida, es  solo el miedo de ser libre el que se siente.
Con mi toca verde, vestido naranja, chalina rosa y botitas rojas, que pesan como rocas.
Viviré afuera del apretado tejido del mantón de vida, autosuficiente.
Estiraré en mi cuerpo, seré libre a donde ir quiera, o donde toca.

Bailaré por las noches como loca en las zonas de tonos camaradas,
Para recordarles que el color existe, llamarada en cobre.
Y cuando me canse y solo de habituada,
Dormiré sobre los listones de colores en fiebre,
Pero no atrapada, libre, hecha una pelusa, una lumbre,
Camuflándome entre los mil tonos de mis compañeras hebras atrapadas y apretadas,
Contándoles en su eterna prisión, mis aventuras llenas de relumbre.

CLAUDIA MATTENET

JULIO 2017

Bernardo


Bernardo

No vino a la fiesta de casamiento
Pero sé que mi suegra lo trajo amarrado a su costado
Y mis cuñados  asociaron en sus recuerdos, ¡Si El estuviera ¡
A pesar de que ya faltaba desde hacía tanto tiempo
Mi suegro siempre estuvo entre nosotros
Bernardo se llama. No digo, se llamaba
De El conozco más que su foto, solo una foto

 

Viajo con nosotros y en aquel entonces, mi novio
Cuando intentamos dejar una amada Buenos Aires
Y fue quizás en la distancia que mi novio entonces
Dieciocho años después pudo llorar su ausencia
Hacer su duelo, vaciar el alma, verter las lágrimas
Que la sorpresa, incredulidad, y rabia de su ausencia
Taparon dieciocho años tremenda carencia.

Bernardo creció con mis hijos y como en un cuento
La historia de sus anécdotas moldeó su esencia
Fue un abuelo presente siempre en su inexistencia
A Él se le pedía, a Él se le invocaba, con Él se ejemplificaba
Y también a Él se visitaba.

 

Como paseo de domingo partían mis hijos
Con su padre a ver su tumba, perfumados
Y en esos momentos de recuerdos,
Sé que tal vez invisible Él corporizado
Bendiciones de ángel suspiraba

 

Pudimos leer las cartas que dejo escritas a sus hijos
Consejos, recomendaciones de vida, instrucciones
Y hasta mi hija le escribió su propia carta

 

Bernardo se llama el abuelo de mis hijos
El único que tuvieron, que jamás estuvo vivo
Porque no hizo falta, porque existió siempre
Que con tanta ausencia, inundo presencia.

 

Treinta años después aquella fiesta
Sigo necesitando el pecho de mi suegro
Para refugiarme.

 

Claudia Mattenet
Diciembre 2016

Amalita

amalita

Amalita
Si algo recuerdo de mi infancia, no son juguetes, golosinas, ni cumpleaños
Sino a una mujer fuerte, aunque delgadísima, de profundos ojos celeste
Vino a mi casa todos los días, y eso que tuvimos siempre empleada,
No falto un solo día en una obligación auto impuesta
Rápida, presurosa, cargada siempre de no sé qué cosa
Se instalaba en sus dominios, la cocina, y con su alquimia
Preparaba con lo que hubiera sus recetas, y si algo faltaba lo reemplazaba
Así era ella mi abuela, mi madre, mi querida Amalia.

Era una eximia costurera de las de antes, de las que diseñaban
Hacían sus moldes, y la tela la calculaban en forma exacta
Con su Singer a pedal con corredera que no cambio nunca con los años
No necesitaba un maniquí para elaborar sus vestidos, solo la clienta
Y cuando se empecinaban en mostrarle la recién salida revista “Burda”
No necesitaba calcar sus moldes para sacar un modelo de la misma.

Fue una abuela madre mía y de mis hermanos
No nos hablaba si había peleas, sencillamente nos sopapeaba
¡Y aun me sorprende el peso de esa mano pequeña del cuerpo frágil
Que subestime, endurecida a palote de amasar años.
Tallarín cortado a cuchilla, ravioles de calabaza
¡La desafío la “pastalinda”, pero no le igualo esa masa ¡

De grande ya vivía sola en su departamento por el que tanto lucho
Gozando de una independencia negada en sus años mozos y no tanto.
Sus hijos marcharon al exilio voluntario y quede yo al final con ella.
Disfrutando sus mejores últimos 28 años.
El tiempo le había macerado un humor fino, y un cinismo exquisito
Que le permitía reírse de las paradojas de la vida.

Hija de una familia de inmigrantes italianos,
Hermana mujer de entre nueve mayoría varones.
Vagos que no sirven y hay que atenderlos recitaba entonces.
Criada en el campo, abandonada a su suerte,
De escasa voluptuosidad para canones de su época,
Había logrado casarse y escapar de ese destino.
Fue madre de un casal, a los que hizo profesionales,
Ella que solo tenía quinto grado, toda una conquista.
Hasta que su marido la dejo viuda con tan solo 50 años.
Y lo peor no fue que la dejo viuda, sino que la dejo sin casa propia.

Amalita en la mitad de su vida no se puso a llorar, ella era un roble
Se puse el delantal, he hizo lo que sabía hacer, la costura
Y fue gracias a eso que logro no solo su casa propia sino su jubilación.
Sin faltar un solo día a mí casa, la de su hija, que, sea dicho
“No había parado esa mujer de tener hijos”, ya que éramos cinco
Y dejaba infaltablemente la cena preparada para 7 personas.

Por esas vueltas de la vida cuando me toco ser madre estuvo a mi lado,
Y cerramos el círculo de vida de forma diferente, éramos,
Bisabuela, madre bisnieta pero en realidad, fue para mis hijos abuela.
Disuelta ya la familia de su hija la rutina se invirtió y era a mi casa donde venia.
Su ritmo ya no era el mismo, más cansina, no tan de prisa.
Pero sus charlas, ¡hay que daría por reírme de nuevo con sus disparates!

A sus noventa y seis estaba convencída de que Dios
Había olvidado de que estaba aún en la tierra.
De forma tal que nos esforzamos en plegarias para recordárselo.
De más está decir que su lucidez estaba intacta, creo que me superaba.
Y si algo dan los años creo que es una lógica pragmática envidiable
Que le permitía abusar del alcohol sin problema.
Ya que si hasta “ahora no me he muerto”
Tintillo con unas cucharadas de azúcar, su preferido.

Cuando se decidió que tenía que ir a un geriátrico.
Ella se encargaba de entretener a los que estaban peor que ella.
La pusieron en una habitación sola, creo que por lo mucho que charlaba.
Su bisnieta la visitaba y paseaba durante la semana.
Los fines de semana estaba en mi casa.
El alcohol lo contrabandeábamos de diversas formas.
Y sus hijos cada uno la visitaban una vez al año.

Me hizo prometer que no la internaría en un hospital
Y no permitiría que nadie lo hiciera
Un jueves la saqué de la guardia de uno,
Pesaba tan poco que la alce en mis brazos.
El viernes falleció en una sedación en medio de una transfusión.
Tenía noventa y ocho años cuando Dios la recordó
Yo la extraño día a día.

 

Claudia Mattenet

 

 

Pendeviejos

mujer-de-cuerpo-entero

Pendeviejos

Es una edad donde Te maltrata la gente
La vendedora apurada, la cajera que no embolsa
El portero que no te abre la puerta si te ve cargada
El colectivo que no se detiene en la parada
La indiferencia de aquel a quien le pides algo
La molestia de con quién compartes y se fastidia
El apuro permanente de tus hijos que nunca tienen tiempo
El suspiro que exhala tu marido en ese momento exacto,
Significando el gesto.

Y está el silencio. El más corrosivo de todos los maltratos
Maltrato diario, cotidiano, persistente, silencio indiferente
Cuando te das cuenta que el otro con quien estas, te ignora
Porque siendo receptora de su rutina, Él no te ve
Como alguien que también le pasan cosas
“Invisibilidad de presencia”, otra forma de maltrato
Que destruye tu confianza, aniquila tu esencia

Hay en este momento muchísimas personas sintiéndose invisibles
Por que como si lo que alguna vez fueron hoy no valiera,
Y solo lo que hoy son es, lo que se ve, que es lo que cuenta,
La vorágine tilinga del presente les consume para hacerse ver
Cada uno lo intentará a su manera, con dignidad
O no, elegirá, que quien quiera verlo, lo descubra
Sin importarle ser invisible para todos,
Si para quien a Él importa dejo de ser transparente

Una sociedad Donde el culto a la juventud es lo que exalta
No la experiencia del adulto joven a quien los años hacen más sabio
Esta sociedad que llama sencillamente viejo, Don, Doña,señor
Tan solo a partir de los cincuenta en adelante
Desocupados, excluidos del mercado laboral, No adaptables
Para aquellos que el sistema les corre hacia adelante la edad de jubilación
Cuida nietos full time cuando los hijos reemplazan sus mucamas
Tratandolos como niños Para, “mantenerlos ocupados “
Como si no pudieran elegir qué hacer con sus vidas.

Por montones se los ve en los porteños bares, les sobra tiempo
Son los que leen, los que escriben, son los que saben
Quizás fumen, o hagan aerobics, yoga, o psicoanálisis
Están en las redes, hablan de política, siguen con su vida
Porque están aún plenos, porque tiene ganas, y fuerzas de sobra
Ellas seductoras, ellos aun viriles, en compás de espera
Resistiendo maltrato, rearman sus vidas, recuperan espacios
Entre ellos se buscan, comparten códigos, abandonan complejos
Son los pende-viejos, así se los llama, epíteto espejo
Bienvenido al club,de los, excluidos, y que No son viejos

Claudia Mattenet

PendeVieja

 

Romance de posparto

chica con copa de vino

Romance de posparto

Ya no llames, no hace falta
Ni esa charla de café tan postergada necesito.
No te sientas en deuda conmigo
Las deudas son como un lastre, estamos en paz.
Amor ocasional, acaso amigo.
Nadie tienes razón, me obligo a estar contigo.

¿Pero sabes que….?
Hay algo en ti, en tu mirada,
En lo escueto de tus palabras,
En tus intervalos de distancia
Que dicen, ¡mírame ¡- no se pedirlo –
¡Háblame¡ -no se franquear silencios-
¡Búscame ¡ -temo tomar la iniciativa-

Solo Dios y el destino sabrán con el tiempo
Porque esas tres o cuatros semanas nos fueron concedidas.
Yo, irónicamente las llamo ahora las del posparto.
Me haría feliz saber que algo bueno de mí pude dejarte,
Por que pareciera que para eso estoy en este mundo,
Para dar y esa mi fue mi intención, solo darte.

Solo perdonando, llega por fin el olvido.
Y es olvido manso, amado amigo,
El que me permite rememorarme entre tus brazos,
Con tus manos agarradas de las mías.
Y tus ojos insolentes, canallas, atrevidos,
Penetrando en mi mirada, para llegar a mi alma,
Sabiendo que jamás me amarías, pero que allí dejarías tú marca

Que me deja de nuevo perderme en la profundidad silenciosa
De tu angustiada mirada, que jamás dirá palabra,
Yo solo deberé intuirla, y sentirte de nuevo dentro de mí
¿Pensando en mí?, quizásNunca lo supe,
Pero seguro tratando de llegar a algo hace tiempo ya has perdido.
Poseer a una mujer en alma y vida,
Sin temor a que te hiera, y sin que ella tema ser herida.

Hacer el amor, es ese sencillo acto casi cotidiano,
Que supone una entrega de cuerpo y a veces, alma.
Es según parece lo único que pude recibir yo de ti,
Lo más que puedes dar y así has vivido dos décadas de tu vida
Y así se te han ido bien las cosas, lo demás entre deportes, familia y amigos.
Y no es casual, es tu elección; y te ha protegido.
Y la vida generosa hasta un niño para los años venideros te ha obsequiado.
Quien soy yo, ¡pequeña loca ¡ para alterar esa, tu rutina.

Ya no temas, o te ocultes, atiende ese teléfono sin miedo
Y abre ese correo sin zozobras, que no habrá sorpresas,
Tu vida seguirá siendo toda tuya, no invadiré jamás tu espacio.
Y si acaso te cruzaras conmigo por la vida,
Finge, has de cuenta que jamás me has tenido.

Disfruta de tus elecciones sin juzgarte,
El mundo sigue siendo un lugar hermoso,
Y yo ya lo sabes, nunca voy a olvidarte.
Si Así lo deseara, no me esta permitido.

Claudia Mattenet
PD: Fue escrito antes de saber por tus labios que estabas enamorado.
La fecha se borro de mi mente de tan lejano

Mi Amiga de 1.70

con piloto y paraguas

Mi amiga de 1.70
Hoy el dolor asaltó de golpe
Bicho ladino si agazapado estaba
Entre mis senos supe a quien traía
Y desperté mojada por mis lágrimas
Y no te miento papel simbólico en forma de programa
Si te digo que escribiendo las lágrimas me caen
Porque no amaina se a lo que me enfrento
Sé que fallaré en todo caso en el intento
Pero quisiera al menos dejar este bosquejo
La historia de nuestra amistad contada
Como si de a poco pudiendo desgranarla
Encontrara la respuesta a esta distancia.

Cuando te conocí tenía 15 y era una personita invisible muy desgraciada
Me dejaste ser tu compañera de banco, y aún hoy, no se la causa,
Debo haberte dado lástima o no era la opción de nadie
Medias 170 que para mí metro y medio eran imponentes
Eras hermosa, eras segura lo tenías todo.
Y yo era un escuincle que tenía ahora a mi lado, alguien
Con los años nos hicimos amigas, inseparables
Amigas de adolescencia, luego de juventud, después de vida
Elegimos juventud larga y universitaria, nos contábamos todo
Hasta los secretos que hoy nos guardamos, porque aún nos duelen
Nos entendíamos mucho, éramos parecidas.
Salvo que tu suerte en la vida distaba de lo que a mí me tocó en el ticket
Fuiste generosa hasta lo indecible,
Todo me lo diste ayuda, refugio, consuelo,
Ropa compartida, familia prestada, maestra de ocasión,

Nuestra juventud fue larga, postergamos casamiento con lo que trae
Hicimos carreras distintas pero estudiamos juntas
Jamás tuve conciencia de ser baja de estatura a tu lado,
Y es el día de hoy que me pregunto cómo compartimos ropa
Teníamos charlas interminables, paseos divertidísimos
Anécdotas disparatadas, ya que ambas éramos tocayas
Cada una con su estilo era bonita, vos despampanante en 1.70
Y en esa época, algo raro ninguna tenía teléfono
Nunca había críticas, por disparatado, lo que nos pasaba
No recuerdo haberte escuchado un reproche o queja
Siquiera consejo, jamás un enojo, risas a lo loco
La incondicionalidad era así, ciega, no se juzgaba, todo se aceptaba.

Los años pasaron y cada una hizo su vida.
Carreras trabajos, incontables novios
Fuimos madres y esposas no recuerdo el orden o acaso importa
Y seguimos juntas, vos tenías un marido político
El mío el segundo fue siempre parsimonioso
Tenías y tuviste siempre holgada posición económica,
Contrario a la mía que afronte mis gastos,
Y aun así como no alcanzaba, me ayudaste siempre
Dotada de la belleza eras segura, hasta la soberbia, ¡podías serlo!
Un día seguiste tu instinto hilvanaste pistas y la verdad te exploto en la cara
Estabas casada con quien no fue ni era aquel quien vos pensabas
Creo que eso mato tu esencia, seguridad y dignidad
Te había engañado en tu inteligencia y credibilidad

Lo ocultaste al principio porque el golpe te desequilibró
Cuando pudiste contarlo ya estabas quebrada,
Y yo, se ve que no pude o supe hacer nada
Nada de lo que de mi esperabas, te falle en eso. No lo supe ver
Transitaba mi propio camino interior de búsqueda
Solo cuando Salí fui a tu encuentro, y ya no podías, así dijiste
Estar conmigo y con mi locura juntas, era demasiado.
Ya tu marido no estaba, la peleabas sola.
Tenías que empezar de nuevo, cuando la edad era para relajar

Cambiaste de casa, de estilo, barrio, y posición
Renunciaste a lujos, te tragaste el orgullo, y tomaste envión
Suprimiste auto, cambiaste hábitos, retomaste la profesión
Y te cargaste a en tus hombros toda la manutención
Conocí tu nueva casa, te oí explicarme la nueva situación
Pero yo sabía lo que para vos los cambios implicarían
Y pensé que te darías cuenta que como yo nadie más entendería
Lo que era ganarse el pan, yugarla sola, pelear la vida
Porque me habías visto, porque fue mi vida, porque de eso venía.
Y me fui triste pero tranquila, comprendiendote, querida Amiga
Como quizás ninguna otra de las compartidas, quizás lo haría.

Y si algo hice mal, seguro hay algo
Sigo buscándolo analizándolo,
A veces tardes y noches trasnochadas
Reviviendo nuestras vidas juntas busco donde fue la equivocada
Donde te traicione, dañe, perjudique
Nos recuerdo juntas de adolescentes, jóvenes, madres
Y sé que te fui enteramente fiel. Sin fallarte ni a mente
Hoy no quieres verme, que no es mi culpa que estás ocupada
Que tienes dos trabajos que no das a basto, que no pasa nada
Pero no me atiendes, me evitas, me bloqueas, no llamas
Y me devano pensando que he hecho tan mal, para causar tal rechazo.

Y después de mucho dolor ante  espaldarazo
Creo interpretar porque no puedes soportar verme a tu lado
Y Es que tu tragedia a mí no me ha pasado
Y es tu dignidad la que quieres salvar ante mí, Una Nada
Tú pequeña amiga, la insignificante la Claudia chiquita
La de los problemas, la necesitada, la cenicientilla.
Quien te debe tanto, a quien tanto ayudaste
La que tuvo el rol de ser siempre la necesitada
Treinta años cada una jugando un papel que ahora se invierte
No supe proveerte, ponerme en tu rol, como otrora estabas
No quisiste vos verte en el lugar, el que Yo ocupaba
Reveses extraños que te da la vida,
La incomodidad que sentías cuando juntas estábamos
Esa es mi culpa, lo que te recuerdo, un pasado  Ya no hermoso
Sé que te he perdido, que no tiene vuelta, que no hay enojo
Y aquí quedé yo, tú amiga la Claudia bajita
La que esta partida, la que te ha perdido, por un Mentiroso

Claudia Mattenet
Agosto 2012

Cáncer, ese Asesino

Vc sabe

Cáncer, ese asesino

Desde el inicio nunca supe por qué no hubo vacuna
Habiendo el hombre podido llegar a la luna
Se lo abordó de forma distinta, atacando las células continente
Con poderosas armas como rayos o venenos químicos
Como en la guerra armas incapaces de diferenciar
Células sanas de las enfermas, destruyen por igual ambas
En un riesgo que el paciente sin opción asume
Delicado equilibrio en el que según el enfermo
Juega su suerte a como quede su organismo
Después del tiroteo al tumor maligno

Es el Cáncer, enemigo indomable
Que nos ataca por todos los frentes afectivos
Nos roba seres queridos, dejándonos impotentes
O nos desvela en la angustia de la espera de nuestra hora
A todos nos ha tocado la puerta, sea nuestra o de un amigo
Hijos hermanos parientes, nadie ha sido excluido
Traba tu puerta con tranca, Escóndete de quien lo ha contraído
De nada sirve lo que hagas, el código está en tus genes
Secreto no descubierto, uno por cada tipo

Ahora ataco a mi amiga, y es como si conmigo se hubiese metido
Estoy furiosa con Él, No sé si Él lo ha sabido
Mi amiga ya paso por las armas
De destrucción de células masivas
Su cuerpo pagó el precio, su tumor ríe indiferente
Ni mas grande, ni más chico, tan solo igual que siempre
Pero ella ya no es la misma, debe empezar de nuevo
Y a la cuenta regresiva le ganamos unos meses
Exigua ganancia en dispar lucha, es lo que tienes
Es lo que hay, otros no lo obtienen.

Y nosotros los que la amamos, de a poco y con respeto
Nos acercamos, Cuando ella nos deja
Porque  tendrá sus días,
De los buenos y de los malos
¿Cuánto podremos hacer?
! En qué cosas no equivocarnos!
No existen remedios mágicos,
Si lo hubiera, ¿crees que ella no lo sabría?
Ten cuidado con lo que aconsejas,
Y recuerda que tú No “sabes lo que se siente”,
No se lo digas, No es cierto
Ella convive con la idea de la muerte
Tu tienes aun el calendario abierto
Déjala hablar, solo escúchala
Ya tendrás tiempo para tus comentarios
Y dale tu afecto, acaríciala
Su cuerpo es débil pero te siente.

No hagas planes vive con ella solo el presente
Un día a día convaleciente,
Adáptate, ajústate, convéncete
Seca tus lágrimas, retoma fuerzas
Que no mejora, y lo que sigue es para fuertes
Déjela irse, dale el permiso
Resta con ella. Seca su frente

Mi amiga se fue empezando junio
Diez meses de batalla encarnizada
Tuve la suerte de verla y de estar con ella
Acaricie su mano, le dije que la cuidaba
Me dijo ella, “vivir así es una mierda”
Intente pararla y juntas no pudimos
Lágrimas corrieron por sus ojos rojos
Y supe que el inicio del fin había llegado.

No pude cumplirle la promesa de morir en su cama
La llenaron de morfina para calmarla
Toque su frente y su cara y estaban frías
Grandes ojeras verdegris rodeaban sus grandes ojos
Fue cuando vi que se estaba yendo,
Despacito, sin dolor amorfinada
Con su boca abierta respiraba
Y su cuerpo un despojo se transformaba
Al día siguiente su alma ya no estaba.
Me dejó estos versos, para recordarla.

Claudia Mattenet
1 de junio de 2016