Mi hija hermosa

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 MI HIJA ES HERMOSA

Mi hija es hermosa, eso dicen.
Y yo se que tengo una hija que es hermosa.
Nació directo de mi útero a las manos del médico, sentada, cara seria,
Ojos infinitamente almendrados y abiertos,
Ni una lágrima, la miré y dos cosas sentí
Dios, es hermosa, y nada, nada tiene de parecido a mí.

Y como era la primera me costó ese golpe
De no ver mí esencia prolongada en ella.
Pero sí había algo que tenía ya en esos ojos.
Era la mirada. No había temor, solo sorpresa.
Si se quiere hasta algo de molestia por haberla disturbado
De la comodidad en la que estada.
Era una mirada valerosa, una mirada que ya
En el segundo de vida independiente podía expresar lo que sentía.
Y entonces reconocí en su mirada de almendra mi coraje.

Los bebes se sabe no son en general bonitos,
Pero ella nació hermosa,
Los meses pasaron y no hicieron más que acentuar esa belleza
Que no heredó de mí.
Y yo me extasiaba mirándola y tardando en convencerme
Que era sangre de mi sangre.

Parecía no necesitar demasiado en su desarrollo,
Y las etapas pautadas, la comida, el gateo, caminar, el habla,
Todo lo hizo antes de lo estipulado.
Y un día casi sin esperarlo camino hasta aferrarse a mis piernas
Estando yo de espaldas,
Como si los diez meses le quedara chicos
Y descubrir el mundo se le hiciera urgente.
Y fue entonces cuando tome conciencia de que además de hermosa,
Se le había regalado la virtud de la inteligencia.

Retraté su belleza en cuanta etapa pude,
Como intentando capturarla de esa forma
Y en ese instante para siempre.
Aprendí de su inteligencia como educarla,
Pues fue ella quien nos guio en la ignorancia
Dentro de nuestro deseo de límites y
Su voluntad de aceptación de los mismos;
Fue ella quien aplacó nuestros miedos a innumerables peligros
A los que supuestamente podía estar expuesta,
Mostrándonos a cuales realmente jamás se expondría,
Porque ella y solo ella sabía para sí lo que debía y convenía.

Debimos rendirnos a su persistencia y aceptar,
Y como era de esperar tuvo razón.
Nunca se perdió, nunca un golpe,
Nunca un punto por lastimadura, creció indemne
Cuando en esos años todos pasamos por un golpe, unas puntadas o un yeso.
Hermosa, como si nada, nada debiera dañarla por que asi debía ser.

Creció libre a cuanta actividad deseara,
La aleje de cualquier temor a alguna,
Enseñándole la maravilla de montar, patinar, nadar,
La bicicleta, y lo que ella después sola quiso hacer.
El miedo para ella no era una palabra racional.
Mientras tanto mis huesos envejecían y se quebraban,
No por transmitirle temor, sino la audacia de insistir.

Tengo una hija que con los años deviene más hermosa,
Ya nos hemos acostumbrado a ella,
En realidad su belleza es aún más perceptible
En la medida en que vamos envejeciendo, pero tiene ahora otras bellezas,
Y desearía legarle con los años la mejor de las bellezas, la belleza del alma.
Eso, siempre que me lo permita,
Pues parece ir adquiriéndola lentamente como todo,
Siguiendo su propio path, Va lográndolo.

Queremos legarles a nuestros hijos,
Independientemente de nuestras propias historias,
Valores, principios, ideales, sueños, ética,
Amor al prójimo, respeto a sus mayores.
Queremos dejarlos tomar sus propias decisiones, queremos, queremos, ….
A veces queremos tanto de ellos.

Yo tengo una hija hermosa que parece flotar en la vida
Ignorando el efecto que su belleza causa.
No es jactanciosa sino hasta humilde en su aspecto.
Tiene el don innato de liderazgo,
Y creo que no se ha percatado aún del capital que eso representará en su futuro.
Desconoce la seducción como arma, solo su raciocinio la guía.
Y entonces es en esos momentos donde me doy cuenta que
Quien quiera y como se llame, le regaló el don de la belleza a la persona adecuada.
Se que ella con los años dulcificará su carácter
Pues inevitablemente en algún momento
La vida le pondrá un espejo delante y le mostrará “mira niña,
¡Cuán afortunada fuiste ¡tú naciste con bono!…………..
Devuélvele a la vida lo que la vida te ha dado

Claudia Mattenet